Derecho a la propia imagen y su relación con la imitación

El derecho a la propia imagen se ha ido configurando a lo largo del tiempo y desde diversas ópticas. Sus alcances se han regulado a través de distintas leyes vinculadas al Derecho de autor, a los códigos civiles, o a normas que protegen al honor y la vida privada, entre otras; sin embargo, también hay criterios judiciales que han venido a ayudar a extender la comprensión de este derecho. Tal es el caso de una reciente sentencia (AD 7/2022) mediante la cual la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) se pronunció sobre el contenido y alcances del derecho de imagen, en particular cuando éste se ve afectado por actos de imitación o look alike.

La sentencia derivó de un juicio promovido por un famoso cantante quien demandó a una compañía automotriz por el uso de una canción de su autoría en una campaña publicitaria del año 2014, en la que además se incurrió en un uso no autorizado de su imagen, mediante la caracterización de un imitador con similares rasgos físicos, vestimenta y tono de voz a las del demandante.

En su resolución la SCJN detalló que el derecho a la propia imagen surge como consecuencia de la necesidad de proteger la representación gráfica de la persona, expresándose como la facultad que posee todo individuo para oponerse a que terceros, a quienes no se les ha otorgado autorización expresa, capten, reproduzcan o publiquen la figura de la persona retratada. De manera que el ámbito de lo protegido por el derecho a la imagen es la proyección exterior de la persona desde su aspecto físico, en todos aquellos elementos que considerados en forma conjunta forman su identidad.

Así, el derecho a la propia imagen tutela la proyección exterior y concreta de la persona de una manera independiente de la afectación de su honra y de su vida privada, dotando a la persona de la facultad de decidir sobre el uso de su imagen, protegiéndola frente a intromisiones ilegítimas.

Este criterio cobrará relevancia dentro de la industria del entretenimiento, ya que con él se concluye que el derecho a la propia imagen, no se limita solamente a los retratos de una persona, sino también incluye la semejanza, apariencia e imitación, lo cual suele ser una práctica recurrente en campañas publicitarias y obras audiovisuales en general.

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